En el día Internacional de la Mujer, menos felicitación y más acción.

MujerGrande

Como cada 8 de marzo, hoy conmemoramos el día internacional de la mujer. Y quiero hacer especial hincapié en la palabra conmemorar, que según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, en su primera acepción, significa recordar solemnemente algo o a alguien.

Se trata, pues, de hacer memoria colectiva de la situación que viven las mujeres en el ámbito internacional. De reflexionar sobre las diferencias de género que hoy en día perviven en diferentes culturas y espacios del planeta, y no, de felicitarnos con autocomplacencia por nuestra condición de mujeres.

Por tanto, cumpliendo con el ritual de la conmemoración del 8 de marzo, hoy quiero recordar solemnemente a todas aquellas mujeres y niñas que en cualquier parte del mundo sufren y padecen desigualdades de género: las que no pueden acudir a la escuela, las que son obligadas a casarse sin haber llegado ni a la adolescencia, las que son mutiladas genitalmente, las víctimas de la violencia doméstica, las que son objeto de explotación sexual y trata de blancas, las jóvenes asesinadas masiva e impunemente en Ciudad Juárez, o quemadas con ácido en la India…Y así, una larga lista de tareas que todos tenemos pendientes de resolver.

Pero hoy, quiero especialmente mostrar mi solidaridad, preocupación y exigencia de actuación para con el numeroso grupo de mujeres refugiadas y solicitantes de asilo. Mujeres que son maltratadas, violadas y explotadas en sus países de origen, durante el tránsito hacia el país donde busca refugio, y, lo más lamentable, una vez que alcanzan la tierra deseada. A lo largo de su doloroso éxodo, su situación de vulnerabilidad las convierte en víctimas fáciles de traficantes, personal de seguridad e incluso otros refugiados. Esta situación, se hace especialmente dramática para aquellas que viajan llevando a sus hijos e hijas con ellas.

Está claro que tenemos que parar todos estos casos, pero para ello, lo primero es ser conscientes de que existen.

No quitemos al día 8 de marzo su carácter necesariamente reivindicativo inundando las redes sociales y los grupos de chat con vacuas felicitaciones, aparentemente inofensivas.

Nos queda mucho por hacer antes de celebrar.